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Cohen, Peter (1993), Repensando la política de control de drogas, perspectiva histórica y herramientas conceptuales. Documento presentado en el Simposio La crisis del desarrollo social en los Noventa organizado por el Instituto de Investigación para el Desarrollo Social de las Naciones Unidas (UNRISD), Ginebra, Suiza, 7-8 de julio de 1993. Traduccion por Beatriz Acevedo y Rosa del Olmo
© Copyright 1993 Peter Cohen. All rights reserved.

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Repensando la Politica de Control de Drogas

Perspectiva Histórica y Herramientas Conceptuales[1]

Peter Cohen

Damas y Caballeros,

Hace más de 80 años, en la Conferencia de la Haya de 1911, se adoptaron las decisiones fundamentales que rigen nuestro sistema actual de prohibición de drogas. Las doce naciones participantes acordaron la prohibición de toda la producción y el consumo no médico del opio, la morfina y la cocaína.

Aunque las bases empíricas para esta prohibición eran tan escasas como el número de paises signatarios, este encuentro definió el actual método de control de drogas: la prohibición total. A partir de entonces han sucedido muchas cosas: Como parte del espíritu moral y político de aquellos tiempos, los Estados Unidos y Noruega prohibieron todo el consumo de alcohol. Sin embargo, dado que el número de consumidores de alcohol era tan grande y los efectos secundarios de la prohibición en el orden público fueron tan desastrosos, las lecciones aprendidas a la fuerza obligaron a derogar la prohibición del alcohol.

Sabemos lo que la prohibición ha hecho a paises, individuos, a nuestras instituciones policiales y judiciales, al desarrollo de la criminalidad y todavía no hemos llegado al final del camino. Nuestros tiempos van irreversiblemente en la dirección del incremento internacional de las comunicaciones y el comercio, de los viajes y el transporte. Uno de los efectos de esta internacionalización es que entre las fronteras se transportan no solo bienes sino también innovaciones materiales y culturales. En otras palabras, tanto cultural como materialmente es cada vez más fácil acceder a bienes foráneos o a practicas exóticas, entre las cuales las drogas son un ejemplo. Como resultado se incrementarán los mercados para drogas en lugares donde hoy no son aceptadas.

Mi tarea de hoy es discutir los métodos alternativos de control de drogas. Lo haré de manera indirecta porque estoy totalmente convencido de que es imposible diseñar alternativas efectivas si no comenzamos por rediseñar tanto nuestra perspectiva histórica sobre la actual ideología del control de drogas como nuestras herramientas conceptuales para pensar sobre el consumo de drogas.

Tratemos de pensar en la prohibición como si fuera un gran malentendido basado en el conocimiento limitado de las drogas disponibles en los siglos XVIII y XIX, una fase de la historia que pasará. La prohibición de hoy en día podría entonces concebirse como un fósil, un anacronismo. Sobrevive en la actualidad porque sirve y mantiene funciones políticas y simbólicas que adquirió desde su comienzo.

Mi hipótesis es que la prohibición de las drogas, por si misma, es justamente uno de los productos fosilizados de la Revolución Industrial Británica, de la moral cristiana del Siglo XVIII y de algunas ideas de la Iluminación del siglo XVII.

La Revolución Industrial Británica sacó a millones de trabajadores de las tierras que habían habitado durante siglos para hacinarlos en ciudades en condiciones que incluso entonces eran consideradas intolerables. Una de las reacciones de esta clase trabajadora fue beber masivamente. El alcohol fue una de las pocas vías de escape de la miseria totalitaria de las vidas de los trabajadores. Después de jornadas extenuantes de 14 y 15 horas diarias en plantas industriales inmundas y muchas veces letales, llegaban a su hogar en viviendas inadecuadas y hacinadas. Aquí nació el Socialismo. El Socialismo vio la raíz de todo este mal en las relaciones de clase. El Movimiento de Templanza Cristiano también nació aquí, pero vio la raíz de este mal en el alcohol.

La prohibición total del alcohol nunca triunfó en Inglaterra, pero sí diversas formas de regularlo. La regulación del alcohol se convirtió en el método normal de control del alcohol en la mayoría de los paises del mundo. La prohibición del alcohol fue la excepción, y solo se experimentó en los Estados Unidos y en Noruega, así como en algunos paises Musulmanes.

Las mismas fuerzas morales que dieron vida al Movimiento de Templanza también atacaron la política del opio que Inglaterra mantenía en China. Los efectos del opio en la población china eran descritos por los misioneros británicos como mucho más aterradores que los efectos del alcohol en los trabajadores británicos descritos por los cruzados de la Templanza. El problema del opio se convirtió en dominio exclusivo de los misioneros británicos y miembros de la Iglesia, y todos conocemos su éxito. Junto con los lideres religiosos en los Estados Unidos lograron darle al opio y al monopolio inglés del opio la imagen de la personificación del mal. Este es quizá, uno de los mejores ejemplos del error que les mencioné antes.

El gobierno inglés propuso investigaciones sobre los efectos del consumo del opio en China y la India. Los comités de expertos del gobierno llegaron a la conclusión de que el abuso del opio no era la regla, sino mas bien la excepción. Los comités de investigación británicos pueden haber tenido razón. Los mismos resultados se encontraron en las investigaciones de los holandeses en las Indias Orientales, y también de los portugueses. Estos hallazgos, de que el abuso era la excepción y el consumo controlado era la regla, no contradice todo nuestro conocimiento científico social y epidemiológico moderno acerca del consumo de drogas.

Pero podemos entender que la posición del Gobierno Británico era insostenible: Era correcto que el opio no causaba el daño del que era acusado, pero el Imperio Británico no podía defender su casi total monopolio del opio y su casi total proscripción al desarrollo económico de China, si admitía que fumar opio no era tan malo como lo señalaban los cruzados morales.

La oposición en contra del opio, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra, no tenía el poder militar para perseguir a los ingleses, quienes habían librado dos guerras del opio en contra de los chinos, fuera de Shangai y en otros fortines. Las únicas armas que poseía la oposición al opio en su arsenal eran símbolos políticos y retórica moral. Ellos usaron estas armas para construir, exagerar y mantener la idea de la maldad del opio, tal como lo habían hecho con el alcohol. Fue durante esta época, finales del Siglo XIX, que el mito de las súper malvadas drogas foráneas fue construido. El opio y mas adelante sus derivados, se convirtieron en el demonio idealizado de la "sustancia psicotrópica". Hoy damos como un hecho esta imagen del opio en China, pero un nuevo examen de la historia del opio y la construcción de su imagen esta pendiente desde hace tiempo.

Al examinar la segunda mitad del siglo XIX, podemos ver dos poderosas fuerzas en acción contra el opio. En primer lugar, las fuerzas económicas de los Estados Unidos en expansión, que no podían entrar al promisorio mercado de la China. En segundo lugar, el Movimiento de Templanza Cristiana en contra del alcohol y otras drogas, el cual estaba firmemente incrustado en los movimientos emancipadores de trabajadores que se remontan a la era de la Iluminación. Debemos citar, incluso una tercera fuerza: la convicción de que la moral podía ser impuesta por la ley y el poder del Estado. Muchos creían que el consumo de drogas, así como la homosexualidad y la prostitucion, podrían desaparecer si eran simplemente proscritos.

Permítanme resumir los malentendidos que se encuentran detrás de nuestra ideología actual de la prohibición de drogas de la manera siguiente:

El primer error es aceptar la conexión simplista causal entre el consumo de drogas y la pobreza. En el caso de los trabajadores ingleses de principios del Siglo XIX la amplia y muy visible extensión de la miseria social no fue, por supuesto, producto del abuso del alcohol. Ciertamente, el abuso del alcohol agravaba una situación de por si intolerable, pero igualmente dicha situación era una importante fuente de abuso del alcohol. Mas aún, si se hubiera excluido el alcohol no hubieran mejorado las condiciones sociales de los trabajadores. Esta construcción errada de una conexión causal entre miseria social en gran escala y el consumo de drogas fue el fundamento de las imágenes de maldad creadas alrededor del opio en esa época y que se mantienen en nuestras imágenes modernas del crack-cocaína.

El segundo malentendido detrás de nuestro actual sistema de prohibición de drogas es la idea de que los Estados pueden proscribir el deseo por las drogas, nuevas o tradicionales. La ingestión de químicos para alterar la conciencia ha sido parte de todas las culturas y épocas en la historia de la humanidad, y Serra probable que aumente con la velocidad de los cambios tecnológicos que se avecinan. Por lo tanto, la idea de una sociedad libre de drogas es tan ridícula como la idea de una sociedad libre de criminalidad, o una sociedad libre de matrimonios rotos. Lo mas que se puede hacer es mitigar los efectos dañinos de las drogas, la criminalidad o los matrimonios rotos para todos los interesados.[2]

El tercer malentendido es que algunas drogas pueden ser controladas por los consumidores humanos mientras que otras drogas escapan a este autocontrol. Este error probablemente es el más fundamental de todos. Recuerdo vividamente la sorpresa que encontré en los Paises Bajos cuando propuse una investigación sobre cómo los consumidores de cocaína controlan su consumo. La sola pregunta se veía como una contradicción de términos. La raíz de este error se encuentra en la manera en que el "problema del opio" se construyó en el siglo XIX, y ha sido reforzado desde entonces, por la manera como creamos el conocimiento sobre las drogas. Nuestros científicos han estudiado típicamente submuestras clínicas de consumidores crónicos y problemáticos. De esta manera, es natural que se encuentren problemas. Así el consumo de drogas se vuelve idéntico al "abuso de drogas" y las generalizaciones falsas y los prejuicios pseudo científicos se transforman en la "verdad", objetivizada.

En efecto, tanto el Instituto Nacional de Abuso de Drogas (NIDA) de los Estados Unidos así como el Concejo Europeo no emiten documentos oficiales que utilicen el término "consumo de drogas". En Europa se verá siempre el término "mal uso de drogas" y en los Estados Unidos "abuso de drogas". Esto no puede considerarse ciencia, es una forma de subrayar el punto ideológico de que el consumo no abusivo de drogas ilícitas no puede existir. Cuando pensamos en métodos alternativos de control es absolutamente decisivo que se corrija este error. Hoy en dia existe numerosa literatura que sostiene la noción de que drogas como el opio, la morfina, la heroína, el alcohol, la coca, la cocaína, la cocaína fumable (y crack) y la marihuana son consumidas por individuos que mantienen o recuperan el control. Sólo cuando nos atrevamos a renunciar al dogma de la impotencia intrínseca del ser humano para controlar las drogas, podremos desarrollar una nueva legislación de drogas humana y realista. Las nuevas políticas de control de drogas deberían permitir a los consumidores fortalecer sus propias capacidades de control y ofrecer medidas de reducción del daño para quienes abusan de las drogas.

Ochenta años de la prohibición de drogas, especialmente los cuarenta años después de la Segunda Guerra Mundial, han causado muchos daños: Ha dado lugar a un mucho mayor problema criminal en los paises desarrollados de Occidente que el que tendríamos sin la prohibición. Ha hecho que traficantes de drogas sean dominantes en grandes áreas del norte de América Latina, ahora expandiéndose a Brasil, Ecuador y posiblemente Argentina. En América Latina, el tráfico ilegal de drogas agudiza las luchas de poder entre las elites conservadoras y las recién formadas fuerzas guerrilleras. En Asia, la producción ilícita de opio se ha expandido de manera constante desde los años sesenta. La inestabilidad política en esta inmensa arrea ha hecho que los esfuerzos para su eliminación sean infructuosos, tal como ocurrió en Turquía De hecho, la producción de opio (y su fracasada eliminación) es justamente ahora uno de los factores que genera inestabilidad política en esta región.

De otro lado, mucho más está por suceder en las nuevas Repúblicas del antiguo Bloque Oriental. Al presentarse dificultades para obtener suficientes divisas extranjeras, a través de la producción legal local, las drogas y las armas serán las principales áreas de enriquecimiento (ilícito). Existe una alta probabilidad de que la cooperación entre la burocracia oficial y los sectores de la economía ilícita haga que la producción y el tráfico de drogas se atrinchere como sucede en Asia y América Latina. Es precisamente la ilegalidad de las drogas, súper impuesta en las economías subdesarrolladas y en los conflictos étnicos, la principal fuente de producción de dinero detrás de la fusión de las fuerzas armadas criminales y las burocracias estatales. Aunque las condiciones son distintas, la mayoría de los republicas cultivadoras de amapola y marihuana en esta área pueden convertirse en maduros estados narco-corruptos, con una línea continua de narco-corrupción desde los niveles básicos militares y civiles hasta las mas altas instituciones y jefes de Estado .[3]

Pero estos desarrollos geopolíticos no son lo que mas me preocupa. Uno de los más irónicos desarrollos de la prohibición de drogas es la creación de un gran número de burocracias locales, internacionales y supranacionales, cuyos fondos dependen justamente del poco éxito de la lucha contra las drogas. Los fondos para estas burocracias se han incrementado mientras sigue la producción y el trafico ilícito de drogas. El flujo continuado de fondos de los Estados Unidos se ha convertido en parte esencial de los presupuestos de las agencias y paises Latinoamericanos y de las mismas agencias estadounidenses de lucha contra las drogas, sin ningún resultado efectivo de sus acciones.[4]

Irónicamente, en el actual clima de prohibición, no hay mejor fundamento racional que la creciente necesidad de seguir haciendo mas de lo mismo. De hecho, un recién publicado informe de una de las instituciones mas importantes de los Estados Unidos, el Centro para los Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington recomienda reforzar las actividades de represión de drogas a escala global [5] Como muchos otros analistas estadounidenses, los autores siguen viendo el problema de las drogas como un problema netamente norteamericano que debe enfrentarse con el prohibicionismo al estilo norteamericano en todo el mundo.

En los tres últimos años fiscales, en tan solo Estados Unidos se gastaron casi 35 mil millones de dólares en el control de drogas. No obstante, la participación nacional e internacional de las 25 o más agencias estadounidenses involucradas en el control de drogas son descritas en este informe como "simplemente no suficiente para el desafio". Este tipo de estrategia de control de drogas le ha dado a los Estados Unidos el índice más alto de encarcelamientos en el mundo: ha disminuido la capacidad para combatir la criminalidad, ha erosionado los derechos civiles, y ha colocado uno de cada cuatro jóvenes negros bajo el control del sistema de justicia criminal. Y todo esto "¿no es suficiente para el desafio"?.

El informe propone que se "incremente sustancialmente" (p.21) el apoyo de los Estados Unidos al Programa de Control de Drogas de las Naciones Unidas ( UNDCP). También propone expandir la "presencia en el exterior" (p.23) de un gran número de agencias estatales como la DEA, el FBI, la Guardia Costera y el Servicio de Aduana. Tales opiniones son comunes en los Estados Unidos y en las agencias internacionales de control, pero no permiten la mas mínima discusión sobre las bases y premisas de la actual política de control de drogas. Cualquier duda sobre sus premisas pondría en peligro la expansión y el actual funcionamiento de dichas agencias. De otro lado, estas agencias son las fuentes monopólicas de la información sobre la producción y control de drogas en el mundo. Sin ninguna excepción, encuentran año tras año que la situación del control de drogas ha empeorado, lo cual permite justificar la expansión del prohibicionismo. Recientemente UNDCP conformó una comisión de investigación para siete de las nuevas repúblicas de la antigua Union Soviética, la cual realizó trabajo misionero para convencer a las autoridades de dichos países de poner en marcha las estrictas políticas de control que contienen los acuerdos de las Convenciones de las Naciones Unidas. No hubo ningún cuestionamiento ni la más mínima consideración sobre los destructivos efectos secundarios que dichas politicas tendrán en las nuevas Republicas .[6]

Damas y Caballeros, tenemos que considerar los errores históricos en los cuales se basa la prohibición de las drogas. Tenemos que examinar con mayor sistematización lo que podrían ofrecernos las políticas alternativas. Para lograrlo hay que renunciar a nuestro viejo y anacrónico sistema conceptual con el que hemos construido nuestro llamado problema de drogas y la imposibilidad de resolverlos.

Una condición previa importante para mejorar nuestros controles de drogas actuales tiene que ser la de desatarse de la sofocante garra de los tratados internacionales sobre el tema. Dichos tratados tienen que ser reformados y probablemente abandonados para dar lugar a diferenciaciones locales en la política de drogas. En primer lugar, las políticas mas innovadoras no seguirían imponiendo el modelo occidental sobre todos los paises. Las culturas en las cuales los opiáceos se han usado durante siglos deben ser libres para escoger sus propias politicas a la luz de sus propias condiciones en vez de obligarlos a formular sus políticas de drogas de acuerdo con las imágenes y necesidades de un pequeño grupo de paises del Primer Mundo. Las culturas que utilizan el opio desarrollaron una serie de rituales y reglas de control en torno al opio que ahora se ven amenazadas (de una manera oportunista y bastante incompleta) por la condescendencia de las naciones asiáticas a los tratados de la ONU. Si se permitiese fumar opio en los paises del Primer Mundo, disminuirían inmediatamente los problemas relacionados con las formas intravenosas de consumo de heroína.

Lo mismo es aplicable a la marihuana y la coca. Las principales formas industriales de estas drogas de origen vegetal como la morfina, la heroína y la cocaína, deben ser objeto de diferentes formas de control tal como se hace con el alcohol. Debemos dejar a los paises o a los grupos que decidan por cuenta propia. Por supuesto, dicho cambio solo podría ocurrir si la ayuda militar y económica no fuese condición de la política prohibicionista de drogas.

Nadie obligaría a los noruegos a tener un sistema de control del alcohol como el de Italia para pertenecer a la CEE (Comunidad Económica Europea). Y por suerte no existe ningún poder ni interés por aplicar la forma de control del alcohol de Arabia Saudita en los Estados Unidos. Estas formas diferentes de control satisfacen necesidades locales y propósitos simbólicos sin dañar aquellas culturas donde estos símbolos no desempeñan ningún papel.

Tal como señaló el delegado holandés a la primera Conferencia Internacional del Opio en la Haya en 1911, para algunos países, el monopolio estatal es preferible a la prohibición total. (Por cierto que este mismo delegado dijo, que el esperaba que en algún momento, surgieran modelos alternativos a la prohibición global) . [7]

Quizás las nuevas estrategias para el control de drogas debieran explotar nuestros nuevos conocimientos sobre las drogas y el consumo de las mismas. Cuando se consumen las drogas para ocultar problemas individuales o sociales tienen una función muy diferente a cuando se consumen con fines recreativos o para la experimentación con la conciencia y la percepción. Las drogas son consumidas para ambos propósitos y así continuará. La mejor manera para enfrentar estos hechos de la vida es controlar el daño individual y social y maximizar las funciones positivas del consumo de drogas.

Otro aspecto importante del reciente conocimiento sobre drogas es la siempre creciente duda de que las propiedades farmacéuticas de las drogas determinan las consecuencias conductuales del consumo de drogas. Si bien las drogas se consumen por sus propiedades farmacéuticas, también se consumen por sus propiedades mágicas, simbólicas y sociales. Y más importante aún, ningún abuso de drogas ni adicción puede explicarse únicamente por la farmacología, sin tener en cuenta las circunstancias sociales y psicológicas de los consumidores. En efecto, el determinismo farmacológico es uno de los errores básicos del asfixiante prohibicionismo.

Después de la epidemia de la ginebra en Londres, los ingleses introdujeron controles de calidad para todas las formas de licor, horarios para la apertura de los bares, y regularon los canales de distribución. Y quizás más importante, crearon jornadas de trabajo mas cortas, mejores viviendas y educación. De esta manera, ellos, fueron más inteligentes que los países que trataron de prohibir todas las formas de producción capitalista. El mayor experimento en el control estatal centralizado de las necesidades y prohibición de ciertas formas de comportamiento fue el Experimento Comunista, que colapsó precisamente porque ningún sistema de regulación, mantenido burocráticamente, puede sobrevivir bajo la enorme variedad de culturas y necesidades humanas. Después de todo, parece mucho mas sabio controlar y limitar los daños del capitalismo total a través de la regulación del mercado laboral, los procesos productivos y el acceso a los bienes esenciales. La reducción del daño en la esfera del capitalismo ha traído mejores resultados que la prohibición del capitalismo.

Las economías de libre mercado absolutas ya no pueden existir. De alguna forma, tenemos que lograr el equilibrio de la balanza entre la ausencia total de regulación y la regulación o planificación total. En el caso de la expansión mundial del prohibicionismo de drogas hemos perdido nuestro sentido de equilibrio. Hemos renunciado a nuestros talentos humanos de adaptación, y peor aún, hemos negado la idea de que los seres humanos son, dentro de límites, totalmente responsables por su propio consumo de drogas. La idea de construir políticas de drogas para el siglo XXI basadas en la auto regulación existente puede sonar hoy extraño, pero no más extraño como pudo sonar la libertad de religión a los lideres de la Edad Media cuando los movimientos reformistas no habían aun desafiado la ortodoxia de la Iglesia Católica. Hoy en día eliminar la libertad de religión sería considerado como un atentado al más básico de los derechos humanos. Igualmente, es hora de plantear preguntas sobre los aspectos de derechos humanos de la prohibición de las drogas.

Para finalizar esta presentación, me gustaría hacer algunas recomendaciones. Por supuesto que acabar con las concepciones arraigadas del control de drogas no se va a ver a corto plazo. Pero, al menos una organización tan grande como las Naciones Unidas podría emplear alguna su propia agencia de investigación para desarrollar una estrategia que investigue las preguntas que surgen cuando la actual ortodoxia sobre el control de drogas ya no es tan evidente. Hay que hacer preguntas básicas sobre los efectos secundarios de la prohibición tales como la generación de la criminalidad y la inestabilidad política. Por ejemplo, pienso que es muy importante detenerse a pensar en los efectos secundarios antes de que agencias como UNDCP obliguen a implementar la ortodoxia prohibicionista a las nuevas Republicas de Europa Oriental. UNDCP tiene que dejar de actuar como un robot legalista. Otros efectos secundarios son los cambios que se han producido en los patrones de consumo de drogas en aquellas culturas que están más expuestas a las políticas prohibicionistas como por ejemplo los países productores de coca de América Latina y los países productores de opio en Asia. Otras preguntas importantes no están solo relacionadas con la manera en que el problema de drogas parece procrearse a sí mismo y expandirse todo el tiempo. Aunque dichas preguntas debieran ser investigadas, en sus aspectos fundamentales, por sociólogos y politólogos, también debemos invertir en investigación sobre los patrones de consumo de drogas en Occidente. ¿Por qué no se conforma un gran proyecto de investigación comparada en que se investiguen los patrones de consumo de la cannabis en el tiempo y se comparen sus consecuencias entre países y culturas para conocer como se controla su consumo, y de no ser así, que factores se asocian con la perdida de control? [8] Y precisar que significa exactamente la "perdida de control". ¿Esta listo este concepto para ser tirado a la cesta de la basura o sobrevivirá al escrutinio científico? Estas y otras preguntas científicas vitales permanecen sin ser investigadas porque el espíritu del prohibicionismo las descarta.

Quiero finalizar subrayando que políticas de control de drogas más efectivas serán diversificadas en diferentes áreas del mundo. Para que funcionen donde ha fallado el prohibicionismo, hay que abandonar las nociones obsoletas y antiguas sobre el consumo de drogas. Se necesitarán mentes políticas valientes para sacarnos de la actual Edad Media de control de drogas ; una Edad Media dominada no por la ortodoxia Papal en Roma, sino por la ortodoxia presidencial en Washington.


NOTA: Una versión anterior, algo diferente a esta presentación, fue publicada por la Drug Policy Foundation, Washington, 1993. Este artículo fue publicado además en L. Böllinger (Ed.) (1994) De-Americanizing Drug Policy, The search for Alternatives for failed Repression. Peter Lang Europäischer Verlag der Wissenschaften

Notes

  1. Agradezco a Craig Reinarman, PhD Santa Cruz, Freek Polak, M.D. Amsterdam, y Seb Scheerer Ph.D (Hamburgo) por sus valiosos comentarios a la primera versión de este documento.
  2. Un ejemplo de esto último: hasta hace 25 años en Italia regida por la moral católica, el divorcio era una imposibilidad moral y práctica. El sistema de la prohibición total del divorcio fue finalmente sustituido por una regulación legal del divorcio, quizás demasiado tarde para los millones de personas que sufrieron sus destructivos efectos.
  3. Por ejemplo paises como Marruecos y México.
  4. En palabras de Malamud Goti: "La situación óptima consiste por lo tanto en una guerra sin fin que incite al Primer Mundo a invertir en una aparentemente esperanzadora campaña antidrogas" (las itálicas son de PC). Jaime Malamud - Goti : Reinforcing Poverty; The Bolivian War on Cocaine in Alfred W. McCoy y Alan A. Block: "War on Drugs. Studies in the Failure of U.S. Narcotics Policy". Westview Press, 1992.
  5. Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington (CISS). The transnational Drug Challenge and the new world order. The report of the CSIS project on the Global Drug Trade in the Post-Cold War Era. Washington, Enero 1993.
  6. Special UNDCP fact finding mission in Seven Republics of the Commonwealth of Independent States (CIS), ;. abril 2- mayo 2, 1992. UNDCP, Viena 1992. Página 68.
  7. Sebastian Scheerer / Thomas Ben Bartholdy Das Kokainverbot Manuscrito inédito, Universidad de Hamburgo, 1993. Página 62.
  8. La pregunta importante es si la remoción de los "controles externos" impuestos por la prohibición inundaran al mundo de un uso descontrolado de drogas. Típicas percepciones elitistas asumen que los controles externos impuestos por las elites en el poder, podrán proteger a las poblaciones de extremismos políticos y morales. Estas visiones han sido comunes durante las luchas para expandir el poder político de la población en los siglos XVII y XIX, y aun mas recientemente en el periodo de la "emancipación sexual".
Last update: May 25, 2016